lunes, 20 de mayo de 2013

La Roca Que Es Más Alta Que Yo



Salmos 63:1-8 Dios, Dios mío eres tú; De madrugada te buscaré; Mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, En tierra seca y árida donde no hay aguas, Para ver tu poder y tu gloria, Así como te he mirado en el santuario. Porque mejor es tu misericordia que la vida; Mis labios te alabarán. Así te bendeciré en mi vida; En tu nombre alzaré mis manos. Como de meollo y de grosura será saciada mi alma, Y con labios de júbilo te alabará mi boca, Cuando me acuerde de ti en mi lecho, Cuando medite en ti en las vigilias de la noche. Porque has sido mi socorro, Y así en la sombra de tus alas me regocijaré. Está mi alma apegada a ti; Tu diestra me ha sostenido.

Este salmo nos recuerda nuestra constante dependencia en Dios y el hambre que nos produce el estar alejados de Él. Muchas veces en los embates de la vida descuidamos esa cercanía que tenemos con Dios y sentimos que nos encontramos en un desierto, nuestro corazón se llena de amargura y desesperación, y se empieza a experimentar la sequedad espiritual que agobia nuestra alma, allí es cuando nos damos cuenta cuan pesada es la vida, cuantos achaques puede esta darnos y cuanto puede esta producirnos, es ahí entonces cuando anhelamos estar cerca de Dios para refugiarnos, esto me lleva a pensar en una gran e inmensa tormenta eléctrica en medio del campo, donde somos sorprendidos por ella y nos encontramos allí atrapados debajo de ese aguacero torrencial, nuestro cuerpo empapado y con mucho frio anhelando una cobija pero no hay nada, entonces pasando cerca de una gran montaña vemos una cueva y en medio de la noche nos adentramos a ella y experimentamos la satisfacción del calor interno y de la tranquilidad que esta produce por su silencio. Es allí fundados en el hueco de la roca donde podemos poner nuestra confianza, Isaías 33:16 lo dijo de esta manera: éste habitará en las alturas;  fortaleza de rocas será su lugar de refugio; se le dará su pan, y sus aguas serán seguras.


Nuestra alma debe ser saciada con todo lo que venga de Dios, el objeto de nuestra alabanza debe ser El, nuestra vida tiene que estar dedicada a servirle con integridad y entrega y nuestro corazón tiene que estar enfocado en Su amor. Recordar que El envió a su Hijo Jesucristo a morir en la cruz por cada uno de nosotros es la muestra de amor más grande hecha por nuestro salvador y ahora gracias a Su sacrificio cada uno de nosotros podemos por la fe en Jesús tener acceso directo para hablar con Dios y recibir de El el cálido amor y ternura que viene por la cercanía de estar en Su presencia. Son pocas las personas que desconocen de estas grandes bendiciones que Dios ofrece al ser humano, de estar en Su presencia y sentirla, allí somos librados de la depresión, de la angustia y la desesperación. El salmista David que escribió este salmo se encontraba en el desierto de Judá y estando en la soledad, desamparado y solo, sin refugio y sin que nadie lo ayude pudo comprender que aun en medio de las pruebas y vicisitudes de la vida, aun con toda carencia de agua y alimento pudo reconocer que solo en Dios puede su alma descansar.

Cuántos de nosotros vivimos desiertos interminables, en nuestro trabajo, en nuestra relación, en nuestras familias, en los negocios, etc.? Cuantos han llegado al colmo de la desesperación y pensar que ya no hay mas nada que hacer? Mas Dios muestra un refugio en El y un alimento mejor para cada día y es el reconfortarnos en Su presencia y hacer de sus promesas escritas en la Biblia el ancla para nuestra alma de modo que no desfallezcamos y aunque reconozcamos que nunca se acabaran los problemas sino que siempre han de estar podemos tener presente que los mismo no nos embestirán sino que descansaremos en la Roca que es más alta que nosotros: Jesús. Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Mateo 11:28

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